Cuentas Pendientes: cuando el cronista se convierte en sujeto de su crónica

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Por Ana B. Umpierre Rivera

Mario Roche

De izquierda a derecha: Prof. Mario Roche , Arleen Cruz y Carlos Weber.

Tras conocer que su nombre figuraba en la lista de Torturados de la Comisión Valech y recibir una llamada en el 2011 para pedirle perdón por los atropellos cometidos contra él y otras diez mil personas; luego de haber sido encerrado y torturado durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, el periodista Carlos Weber, dio a conocer un secreto que había guardado durante 40 años.

El 30 de noviembre en la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Weber y la realizadora Arleen Cruz participaron de un conversatorio moderado por el profesor Mario Roche sobre el documental Cuentas Pendientes.

El largometraje narra el viaje de reconexión de Weber con su natal Chile, allí, se reencuentra con familiares, amigos y compañeros militantes para encontrar las respuestas a preguntas que nunca se hizo y enfrentarse a un pasado doloroso.

De primera instancia, el periodista parecía no estar cómodo con hablar sobre su experiencia personal. Permanecía callado y se limitaba a comentar sobre uno que otro detalle general del filme. Sin embargo, poco a poco fue abriéndose más a la curiosidad del público y les explicó la razón de su comportamiento: que como todo hombre de noticias, está entrenado para no hablar de él.

Carlos Weber nació en Chile, en un pueblo llamado Coronel. En 1974 se exilió en Argentina luego de ser apresado por el régimen militar liderado por Augusto Pinochet. En Argentina terminó su preparación académica y desde ahí ha laborado en diversos medios de comunicación tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico.

Weber, quien protagoniza este largometraje, explicó que surgió con la idea de “preservar la memoria [y]tratar de conocer toda la verdad”. Asimismo, señaló que “nosotros estamos, pero muy, muy lejos de conocer toda la verdad de lo que sucedió particularmente del año 73 al año 88 [en Chile]”.

Arleen Cruz, por su parte, recordó que para llegar a la decisión de contar la historia de “Carlos” tomó unos dos años de conversaciones semanalmente. La realizadora confesó que “hubo un momento en la conversación donde yo dejé de escuchar al ícono de los medios que yo tenía en mi cabeza, y empecé a conectar con el ser humano”.

Como una enciclopedia histórica, el periodista chileno compartió en las conversaciones muchos de los eventos que vivió durante la dictadura, al igual que muchos otros sucesos históricos alrededor de América del Sur.

Ante esto, la también egresada de la Escuela de Comunicación de la UPRRP, destacó que “también empecé a traer mis referentes; él me hablaba de cárcel, de esa represión y yo pensaba en las carpetas, en el Cerro Maravilla y pensaba en la Masacre de Ponce”. Agregó que sirvió como una reflexión pues “me di cuenta que nosotros en Puerto Rico estamos bien aislados de lo que pasa en el mundo”.

Cuando el profesor Roche les preguntó sobre el tipo de narrativa del documental, Cruz indicó que debido a que son temas fuertes, “yo entendía como comunicadora, que tenía un personaje reconocido por mucha gente, una historia sólida y que debía buscar [algo con lo que]todo el mundo pudiera relacionarse y yo entendí que [lo que une a]todo el mundo es la humanidad, la emoción”.

Debido al carácter íntimo del documental, muchos le preguntaron al periodista si ese reencuentro con el pasado sirvió para cerrar heridas. De manera casi inmediata y con voz firme, Carlos Weber sentenció: “Yo no estoy buscando sanar nada. No tengo ganas de sanar. Yo sabía exactamente lo que estaba pasando, para mí, no hubo sorpresa”. Sin embargo, reiteró que el pueblo chileno lo que exige es la verdad. Destacó que todas esas personas “tienen tíos, nietos, abuelos, padres… [y]esa gente necesita saber qué pasó con su gente”.

Mientras continuaba su explicación sobre el proceso de reencuentros, recordó el acercamiento que tuvo con uno de sus compañeros militantes. Comenzaba a narrar su experiencia cuando colocaban a todos los prisioneros en una fila y pasaba un hombre encapuchado apuntandoles a cada uno, cuando su voz se quebrantó.

Cuentas Pendientes recibió el premio de Mención Especial Nuevos Realizadores de Cortometrajes en el Festival de Cine de Madrid. Actualmente está exhibiéndose en los cines de Fine Arts de Miramar y en el Popular Center.

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