Dermatólogo puertorriqueño combate discriminación contra desamparados en Boston

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Por: Rebeca J. Agosto Rosa

ernesto gonzalez

Dr. Ernesto González

A sus 77 años de edad, a Ernesto González le importa poco la fama y los elogios. De hecho, prefiere el anonimato en lo que concierne a su labor filantrópica.

Sin embargo, el médico radicado en Boston no dudó en romper el silencio para levantar conciencia entre colegas, estudiantes y gobernantes sobre lo que considera una gran injusticia social que le tocó de cerca: la situación de las personas sin hogar.

Desde hace 20 años, el primer profesor puertorriqueño de la escuela de medicina de Harvard presta sus servicios al Boston Health Care for the Homeless Program (BHCHP), iniciativa creada por uno de sus antiguos pupilos en el Hospital General de Massachusetts para llevar servicios médicos a personas que viven en las calles.

Para el Dr. González, su mayor aportación ha sido lograr que todos los dermatólogos residentes en el hospital hagan una rotación obligatoria en el centro de servicios de BHCHP, porque así desarrollan empatía hacia los pacientes y un sentido de responsabilidad social.

Además, la oportunidad les permite tratar condiciones poco comunes en pacientes con mejores condiciones de vida.

La mayoría de los pacientes que se atienden bajo este programa son inmigrantes, veteranos y mujeres, personas con las que el doctor dijo identificarse.

“Todo esto me resuena a mí porque yo fui veterano, fui pobre, vine de fuera, tuve problemas con lenguaje, todas estas cosas. (…) Obviamente pues es más fácil para mí sentirme como uno de ellos y ayudarlos”, relató González en entrevista telefónica desde Boston, ciudad a la que llegó hace cuarenta años.

“Mucha de esta gente básicamente están desamparadas no porque son de delitos sino por el hecho de que no han tenido oportunidad económica de trabajar y tener su casita, y eso”, explicó.

Ni un trasplante de riñón fue suficiente para detener su encomienda, aunque sí tuvo que reducir su jornada de trabajo voluntario y en el hospital.

“Quiero contribuir a la comunidad de la misma forma que gente nos ayudó cuando yo era pobre”, aclaró el galeno, quien estudió biología en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y luego Medicina en Ciencias Médicas gracias a una beca.

Por eso, además de atender a los pacientes sin hogar, el Dr. González también se ocupa de apoyar a la comunidad hispana, especialmente los estudiantes inmigrantes y de escasos recursos. Por ejemplo, en el año 2000 estableció un programa de consejería para estudiantes hispanos en las cuatro escuelas de medicina en el estado de Massachusetts. Además fundó un programa dirigido a los empleados hispanos en el hospital donde labora.

Ese fervor por combatir la discriminación desde cualquier frente a su alcance surgió de una infancia difícil en su pueblo de Aguadilla.

“Todo comenzó con saber de la historia de mi mamá y ver a nosotros viviendo marginados”, relató González, evocando recuerdos acompañados de mucho dolor.

Ernesto y Alfredo nacieron en cuna pobre. Antes de casarse, su madre y abuela vivieron sin hogar junto a dos tías que murieron de tuberculosis por las precarias condiciones de vida y la imposibilidad de acceder a servicios médicos. Su madre, mujer negra, también sufrió el racismo de la comunidad y de su propia familia.

“En Puerto Rico no solamente hay discriminación social, pero también hay bastante discriminación racial, que muchas veces está escondida”, denunció González, quien recordó que su madre recibía un trato distinto al resto de la familia, parecido al de una criada.

“Vi toda esa discriminación y eso obviamente me causó un dolor profundo, pero a la misma vez un compromiso para mí en ayudar a otras personas”, reflexionó. “Tenía que hacer algo para combatir esa discriminación”, afirmó.

Por eso, conversar con González sobre la situación de los desamparados implica adentrarse a profundidad en un debate que incluye la inequidad económica, el racismo, y la responsabilidad de la comunidad y los profesionales en atender estas injusticias. En lo que concierne a Puerto Rico, también implica hablar de la diáspora puertorriqueña.

“No es fácil bregar con la situación en Puerto Rico”

Mientras vela por los estudiantes y las personas sin hogar en Boston, el dermatólogo también se preocupa por los desamparados en su terruño y los jóvenes que como él luchan contra la corriente para educarse.

A lo largo de los años, González ha impulsado varias iniciativas en Puerto Rico relacionadas principalmente con la telemedicina, que permite a doctores en el exterior ayudar de forma gratuita al diagnóstico de personas de escasos recursos, particularmente niños.

Lamentablemente, según explicó, los programas duraron poco porque los fondos no se renovaron.

González adjudicó la falta de continuidad de los proyectos al desinterés por la filantropía de los sectores adinerados en Puerto Rico y los vaivenes partidistas que a veces interfieren con la labor de quienes sí aportan.

Además, sostuvo que en la diáspora puertorriqueña –que supera en número a los residentes de la Isla– hay muchos como él a quienes les interesa aportar, pero se sienten ignorados.

“Desafortunadamente, los que estamos en la diáspora nos sentimos que no es fácil bregar con la situación en Puerto Rico”, expresó.

“Nosotros en la diáspora estamos dispuestos a ayudar a la Escuela de Medicina y a otras instituciones en Puerto Rico educativas, pero nunca ha habido un esfuerzo de allá, de Puerto Rico, para reunirnos a nosotros para hacer esa contribución”, agregó.

Para hacer frente a estos obstáculos, González compartió dos consejos para los estudiantes de su Alma Máter interesados en la medicina, que también sirven para otras disciplinas: que apoyen de manera continua y comprometida el trabajo de organizaciones cívicas, pero sobre todo, que desarrollen ideas nuevas y propias. “Hay muchas cosas que se pueden hacer, no tiene uno que estar siempre pendiente de que el gobierno le haga las cosas, o no tiene uno que estar pendiente de que ya hayan programas establecidos. Si uno tiene la idea y tiene el compromiso, uno lo puede hacer”, alentó.

A lo largo de más de cuarenta años de trayectoria como dermatólogo, investigador y profesor universitario, el Dr. González ha obtenido una veintena de reconocimientos y honores. Incluso un libro sobre la historia de la dermatología publicado en el 2014 lo nombró como uno de los diez mejores dermatólogos hispanos.

Sus primeros pasos como estudiante de Biología los dio en el Recinto de Río Piedras, a donde llegó desde su pueblo natal de Aguadilla, para luego graduarse de medicina y comenzar a laborar en el Recinto de Ciencias Médicas. A pesar de los desafíos económicos, su empeño lo llevó hasta el tope de su profesión, sin olvidar nunca de dónde vino.

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