La universidad es parte de uno, dice el Registrador

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Por: Norihelys Ramos Rodríguez

Reportaje final en una serie que conmemora el centenario de la Oficina del Registrador.

Dicen que siempre hay una primera vez para todo pero, ¿qué sucede cuando ‘las primeras veces’ te acompañan en todas las experiencias de vida? Te conviertes en primero para todo, dejando un gran legado en la historia. Este es el caso de Juan Manuel Aponte Hernández, registrador del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR-RP).

Todo comenzó a finales de la década del 60 cuando ingresó al Primer Centro Docente del país. Su bachillerato en la Facultad de Ciencias Sociales fue una de las tantas ganancias que recibió en sus años como estudiante. Aponte Hernández se apropió de todas las oportunidades posibles. Su deseo por adquirir un conocimiento multidisciplinario le permitió participar, solo en su primer año, en una obra de teatro, una noche de talentos y el Consejo de Estudiantes de la Facultad de Estudios Generales como secretario.

“Desde ese primer año, esta Universidad era parte de uno”, aseguró firmemente el registrador, que además de estudiante fue desde un principio parte de la esfera laboral universitaria.

Durante sus años de estudio, en las mañanas trabajaba en una oficina de Asuntos Estudiantiles, y durante las tardes y noches asistía a clases. Fue complicado y sacrificado, pero debía cumplir con ciertas responsabilidades familiares. Así culminó esta primera etapa e inició otra en la Escuela de Derecho de la UPR. Para ese momento, ya se había convertido en el director más joven en ocupar el puesto de Grados y Diplomas en la Oficina del Registrador.

Aponte había comenzado a romper con la norma y a impactar a otros con su dedicación y esfuerzo. Tenía como compañera de trabajo a Arecelia Batista O’Farril, quien llevaba 11 años laborando en la oficina. Ambos desarrollaron una conexión en pensamiento y palabras que aún en el presente los deja asombrados. Juntos ascendieron a los puestos de registrador asociado uno y registrador asociado dos. Desde entonces, han sido un excelente equipo de trabajo.

“Es una persona brillante, con unos valores muy buenos. Es muy dado a ayudar al prójimo, porque sabe lo que es la carencia de las cosas. Él no sabe decir que no. ¡Y su tensión le produce unas migrañas…!”, compartió Batista, quien con 83 años de edad continúa trabajando en la oficina.

Añadió, que solo él era el adecuado para ocupar el cargo de registrador, pues, poseía las destrezas, el conocimiento y la entrega que requiere un puesto de tanta confianza. Es así que Aponte Hernández recibe el batón y se convierte en el primer registrador no docente en el 1987.

Los retos eran de esperarse; tenía a su cargo nada más y nada menos que los expedientes de todos los alumnos del recinto riopedrense, tanto activos como inactivos. En una ocasión alguien le dijo: “Es que ustedes tienen mi vida”, ya que el historial académico es el inicio de los logros profesionales. Ante esto, el registrador respondió exaltado: “¡Esta noche yo no duermo!”

Su carisma, picardía y sentido del humor lo acompañan siempre, al igual que la seriedad y el enfoque con el que busca soluciones y brinda respuestas. Estos rasgos, que describen su carácter, han sido esenciales para lograr que la Oficina del Registrador y la institución universitaria sean reconocidas a nivel local e internacional.

No muchos conocen los logros que ha alcanzado, porque su humildad arropa los certificados, las placas y los reconocimientos. Pero la celebración de los cien años de la oficina lo ha motivado a compartir sus más grandes aportaciones a la UPR-RP.

Además de trabajar día y noche entre papeles y archivos digitales, Aponte ha visitado 38 de los 50 estados de Estados Unidos, y en sus viajes ha ofrecido conferencias que han hecho visible al pueblo puertorriqueño. Por ejemplo,  en el 2002 se convirtió en el primer representante de Puerto Rico que participa en Washington como conferenciante en la Asociación Americana de Registradores. Ante ese foro internacional, presentó el tema Legislación sobre Retención de Documentos.

Así mismo ocurrió durante el periodo del 1998-2002 cuando fue el primer registrador seleccionado para ser miembro de la Junta Asesora de la oficina para Puerto Rico y América Latina del College Board.

Por otro lado, tuvo la oportunidad de conocer otro contexto cultural y social al evaluar las funciones de registraduría de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Reconociendo que la matrícula pasaba los 80 mil estudiantes, Aponte realizó dos viajes adicionales para continuar las evaluaciones de procesos administrativos y servicios estudiantiles. Gracias a su colaboración, actualmente los hondureños tienen como requisito el examen de admisión College Board.

A estas experiencias se suman los talleres de educación continua que ha recibido y los que ha brindado a compañeros de otras instituciones universitarias. Periódicamente ofrece seminarios sobre la Enmienda Buckley, retención de documentos y fraude. Para Aponte estas son las actividades que más disfruta, pues le encanta hablar y oír a la gente.

“Lo que tienes que hacer es ponerme un micrófono, una pantalla, un poquito de café o agua,  un público y el resto me toca a mí”, explicó riendo.

Para ser registrador, según Aponte, se requiere “estar loco”, ya que tiene bajo su poder una gran responsabilidad. Pero su locura fusionada con la cordura lo impulsa a ofrecer un mejor servicio cada día. Las limitaciones presupuestarias y la reducción de empleados no limitan su entrega para cumplir con sus tareas asignadas, más cuando recibe hasta notitas de agradecimiento de los estudiantes por haber sido pieza importante en algún trámite.

“Uno respeta la profesión, respeta lo que hace y respeta a la universidad. Dolería mucho ver que se deteriore la Oficina del Registrador, pero no está en las manos de uno”, explicó Aponte refiriéndose a que en menos de cinco años culmina su jornada laboral.

Este gallito del año 69 y registrador más antiguo del recinto de Río Piedras espera con ansias compartir a tiempo completo con su esposa y demás familiares. Se retirará “para hacer nada” y también para ocuparse de cosas que debieron ser prioridad hace tiempo.

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