Ejemplar recuperación del Teatro de la IUPI

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Por Mario Alegre-Barrios
Director de la Oficina de Comunicaciones,
Desarrollo y Exalumnos

HACE HOY JUSTAMENTE un año –cuando todo Puerto Rico vivía el brutal asedio de uno de los fenómenos meteorológicos más devastadores de su historia– nuestro teatro –el legendario Teatro del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico– sufría también daños de una severidad tal que hubiese sido imposible imaginar que, exactamente doce meses después, sus heridas no solo habrían sanado, sino que también estaría en camino de ser digno anfitrión de una producción de la envergadura de “Hamilton”, el célebre musical que ha sido todo un éxito en Broadway  y que se presentará aquí a partir del 8 de enero próximo.

Esta acelerada –y a todas luces ejemplar– rehabilitación de la emblemática estructura que el año próximo celebrará el octogésimo aniversario de su inauguración ha tenido como uno de sus ingredientes financieros fundamentales la generosa aportación de $1 millón de parte de Luis y Lin-Manuel Miranda –a través de la Fundación Flamboyán– como testimonio de su compromiso y confianza en la IUPI como una de las instituciones cruciales para el desarrollo de Puerto Rico, sobre todo luego del cambio de paradigma que el huracán María estableció como parte de nuestra nueva y espinosa realidad.

En un breve paréntesis de una cargada agenda de trabajo que desconoce horarios, los arquitectos Jennifer Lugo y Carlos Negrón-Roche –dos de los responsables de devolverle la vida al Teatro de la IUPI– reflexionan en torno a sus impresiones sobre este proyecto cuyo éxito se plantea como un referente de lo que es posible cuando se trabaja en equipo, con talento, entrega y una unidad de propósito.

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Carlos Negrón y Jennifer Lugo

–Antes de María el teatro estaba en condiciones aceptables para llevar a cabo su misión, con unas necesidades de mantenimiento, al igual que las tiene cualquier otro edificio –explica la arquitecta Lugo, responsable suprema de este proyecto–. Luego de María, la situación cambió radicalmente: cuando llegué aquí el 26 de septiembre del año pasado, el plafón estaba desprendido en varios lugares y proliferaban las goteras, tanto entre las butacas como en el escenario. En uno de los camerinos las ventanas habían volado, el sótano se inundó. Al subir el agua y la temperatura, el hongo proliferó. Toda el área requería unos trabajos fundamentales. Al fallar el techo, ya todo lo demás estaba en riesgo por la vulnerabilidad en la que los vientos y las lluvias lo dejaron. Hubo que proteger las butacas y afortunadamente todas se salvaron. Son las que se instalaron en el 2006. Se hizo un acuerdo de trabajo con la gente de la Oficina de Conservación de las Instalaciones Universitarias (OCIU), la Oficina de Planificación y Desarrollo Físico (OPDF) y con un consultor del sistema de techos. Así pudimos mantener el teatro protegido en lo que el ex presidente interino de la Universidad, el doctor Hillman, declaraba el proyecto como una emergencia.

La arquitecta Lugo comenta que “luego de la evaluación inicial de los daños, nuestro objetivo fundamental fue, por lo menos, devolver el teatro al estado en el que se encontraba antes de María”.

–La realidad es que en ese momento no nos fijamos un plazo específico en cuanto a su intervención física –dice la arquitecta–. Sí se puso en la lista de los edificios cuya atención era apremiante, debido no solo a su valor histórico y al paulatino deterioro por el paso del tiempo, sino también por su importancia crucial en la vida artística y académica del Recinto. Comenzamos entonces con los procesos con FEMA y las compañías de seguros, mientras en la Universidad se veía la manera de identificar un presupuesto para comenzar con el proyecto antes de que llegasen los reembolsos de las pólizas de seguro. Partíamos de unas expectativas más altas en cuanto al tiempo que pasaría para ese recobro y se ha seguido trabajando con eso.

En esa etapa –asevera la arquitecta Lugo– “hubo un compromiso directo del rector interino del Recinto, el doctor Luis Ferrao, de atender el proyecto y surge de Río Piedras la certificación de unos fondos para atender la mitigación de los daños en el techo”.

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Dr. Luis Ferrao, Rector Interino

–Se decidió hacer el trabajo por fases –comenta–. Al momento hemos atendido la fase 1, que es la parte de la sala central, para viabilizar así los trabajos en el interior. Hubo una certificación del rector de $1,157,000, que incorporó todos los daños relacionados con María y aquellos trabajos imprescindibles -desde el punto de vista técnico- para que “Hamilton” pudiera presentarse aquí. Para agilizar el proyecto, se declaró una emergencia, con lo que se agilizan los procesos de subasta. En este caso el contrato fue adjudicado a GVG Builders y nos hemos mantenido dentro del presupuesto estimado, con un monto que alcanza la cantidad, solo en construcción, de $1,110,000

Con la aparición de “Hamilton” en el horizonte, los planes de rehabilitación del teatro se transformaron considerablemente debido –entre otras cosas– a que la producción de este musical solicitó hacer accesible la tecnología digital en la mayor parte del edificio, algo que antes era limitado.

–Asimismo, el montaje tiene unas proporciones muy amplias, por lo que tuvimos que remover todos los equipos que había sobre el escenario…. tramoyas, luces, la cortina de fuego, las bocinas… en fin –apunta la arquitecta Lugo–. En cuanto al área de camerinos, se están haciendo unas intervenciones mínimas, con una remodelación mayor en el vestidor, adyacente al escenario. También se ha aprovechado para dotar al teatro con iluminación LED y el reemplazo del sistema de “house lights, más de vanguardia. Por ser un edificio histórico, se tuvo que tener mucho cuidado a la hora de determinar la manera cómo estas mejoras se incorporarían a la estructura.

–Cuando se determinó que “Hamilton” vendría al teatro, ¿cuáles fueron los retos mayores que enfrentaron?

–Estamos hablando de un teatro que es histórico, que por muchos años fue la sala principal de Puerto Rico, la sede del Festival Casals –dice el arquitecto Negrón-Roche–. Por aquí han pasado los mejores actores y actrices, los más grandes pensadores. En el 2006 se reinauguró el teatro luego de una restauración minuciosa Antes de María, estaba –tecnológicamente hablando– bien para ese momento. El reto mayor fue atemperar un espectáculo del calibre de “Hamilton”, del siglo 21 –de Broadway  tecnológicamente muy exigente–, a un teatro histórico como el nuestro, con unas características que había que respetar. Hubo que poner de acuerdo a dos equipos de trabajo –uno en Nueva York y otro aquí– para proteger el patrimonio edificado de Puerto Rico, un edificio de 80 años que no se puede alterar, mutilar o poner en riesgo y, a la vez, cumplir con las exigencias tecnológicas de “Hamilton”

–Otro reto mayor también fue tomar las decisiones acertadas para cumplir con el tiempo tan corto disponible para tener todo listo –añade la arquitecta Lugo–. No podíamos mover la fecha porque los compromisos con “Hamilton” exigían cumplir rigurosamente con un plazo específico. No había oportunidad para experimentar. Todos los que han trabajado en este proyecto nos han dado todo su apoyo y compromiso de manera extraordinaria. Lo mismo el personal de la Universidad, como los que representan a Hamilton, a quienes les comunicábamos un problema y a la semana ya estaban aquí con una solución en la que el respeto a la estructura ha sido siempre fundamental.

-¿En qué parte del camino está el proyecto?

–Diría que en un 75% –afirma el arquitecto Negrón-Roche–. Este proyecto tiene dos aspectos: la mitigación de daños y la atemperación con los requisitos tecnológicos de la obra. Estamos dentro del tiempo estimado. La universidad tuvo una reacción rápida al reconocer la urgencia con la que tenía que reaccionar. Para el éxito del proyecto también ha sido muy importante contar con el arquitecto por excelencia del teatro, José Coleman Davis, el equipo de inspección de Adorno Arquitectos, así como de todo el personal del teatro. Ahora estamos en posición de tener una mejor oferta para el mercado local e internacional.

–Podemos decir que el teatro es el primer edificio de la Universidad que se ha restaurado de manera integral luego de María –dice la arquitecta Lugo–. Esto es emblemático de lo que se puede hacer cuando se trabaja como se ha hecho aquí. La sala ya está lista, justamente en el día en el que se cumple un año del paso de María… el resto, lo que falta, es en otras partes de la estructura. Estamos muy satisfechos y orgullosos con el resultado que han tenido todos estos meses de tanto trabajo… y la gente de “Hamilton” también está muy contenta con lo que se ha hecho. Tenemos ahora un teatro de categoría mundial.

Por su parte, el rector interino de la IUPI, el doctor Luis Ferrao Delgado, señala que “luego de su reinauguración con “Hamilton” en enero próximo, el reposicionamiento del teatro como corazón de la actividad académica y artística universitaria tendrá una nueva dimensión”.

–Será un escenario mucho más atractivo para producciones de envergadura mundial gracias, no solo a la restauración generosamente apoyada por los Miranda y la Fundación Flamboyán, sino a las mejoras que este proceso ha requerido –asevera el doctor Ferrao-Delgado–. Esperamos, durante las presentaciones de “Hamilton”, estar ya en condiciones de confirmar con nombre y fecha las producciones que albergaremos durante el año próximo, entre las que figuran conciertos y otro gran musical. Esto, sin lugar a dudas, proyecta a nuestro teatro como un gran bastión en nuestros esfuerzos para la obtención de recursos externos para el Recinto, tan necesarios para financiar nuestra operación y continuar con nuestra misión educativa. Agradezco profundamente su esfuerzo a todos los que han tomado parte en este extraordinario proyecto.

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