Fenómenos atmosféricos y planificación urbana: grandes retos de política pública

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Por: Perla Del Mar Rodríguez Fernández

Se acerca la temporada de  huracanes y tormentas tropicales proyectada para el  primero de junio de 2015. Ante la cercanía de este periodo los gobiernos de las antillas y las islas cercanas inician sus planes de emergencia para prevenir y manejar desastres naturales.

Sin embargo, la profesora de Sociología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras (UPRRP), Jennifer Santos Hernández, enfatizó que la discrepancia en el orden de prioridades es lo que afecta a Puerto Rico a la hora de encarar desastres causados por fenómenos atmosféricos.

Según Santos Hernández, la población se está preparando para tsunamis, cuando los eventos más frecuentes y urgentes son las inundaciones. ‘‘El asunto de la política nos mata’’, agregó.

La profesora de Sociología aclaró que tras el evento de las Torres Gemelas en Nueva York hubo un incrementó en el número de políticas públicas sobre el manejo de emergencias, pero que  muchos de esos procedimientos no atienden las necesidades de la comunidad. También indicó que ‘‘eso ilustra cómo hacemos rituales de política pública que no atienden las necesidades de la población’’.

La también investigadora a tiempo completo alertó sobre un estudio que realizó en una escuela del oeste de Puerto Rico. La investigación se basó en un video en el que se observa cómo actuaba la comunidad escolar durante el simulacro de un tiroteo.

Lo primero que especificó fue que la alarma fue en inglés y los estudiantes, al escuchar la alerta, asumieron que era un tsunami y desalojaron el edificio. ‘‘Utilizamos sirenas muy sofisticadas, pero la gente no las entiende. No fue un error solo de estudiantes solamente. Manejo de Emergencia siguió el protocolo’’, precisó Santos Hernández.

A este panorama complejo se suman los problemas históricos relacionados a la mala planificación urbana en la isla, que se agravan cuando se desarrollan fenómenos atmosféricos como lluvias o huracanes.

De acuerdo con Santos Hernández, Puerto Nuevo era una comunidad que no debió conformarse allí, pero ‘‘la prioridad del Gobierno era la inversión de capital de extranjeros y la creación de empleos, y pasaban por alto las características ambientales’’, manifestó.

Igualmente, una de las noticias que publicó el periódico criollo El Imparcial en 1948 sobre el particular expresaba que las lluvias habían detenido las labores de cinco mil obreros en Puerto Nuevo y que ‘‘tan pronto cesen las lluvias y vuelvan a afirmarse los terrenos, los trabajadores serán llamados para reanudar las pasadas obras’’.

La investigadora a tiempo completo afirmó que desde el comienzo, la noticia afirmaba que las tierras no eran estables y que había un problema.

También ejemplificó el caso de la quebrada Doña Ana, a la altura del Hiram Bithorn en Puerto Nuevo, que según la también científica, ‘‘es particularmente importante porque los dueños son envejecientes y veteranos’’. Además, resaltó que en el lugar existe un amplia comunidad de inmigrantes dominicanos que construyen en segundos y terceros pisos, en total desconocimiento de la inconsistencia de los terrenos.

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