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Actividad de reconocimiento y agradecimiento al personal jubilado del Recinto de Río Piedras de la UPR

“Este reconocimiento no marca un final.
Marca el agradecimiento permanente de una Universidad
que no olvida a quienes la hicieron grande”
Dra. Mayra Charriez Cordero

Por Ámbar Gutiérrez Báez
Oficial Ejecutivo
Oficina de Comunicaciones

Fotos Héctor Suárez De Jesús

La rectora interina del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico doctora Mayra Charriez Cordero dedicó un “hasta luego” a docenas de empleados docentes y no docentes, quienes se acogieron a la jubilación durante este año. 

En el vestíbulo del Teatro, se dirigió a los presentes, muchos de ellos, sus propios compañeros de trabajo de décadas en la Facultad de Humanidades y otros colegas en su fase de profesora de la Facultad de Educación. Charriez Cordero enfocó su mensaje en el marco de un encuentro de gratitud, más que en una despedida por la nueva etapa, porque reconocerlos -dijo- no es un acto de cortesía institucional, sino un deber moral con quienes hicieron posible la Universidad que hoy conocemos. 

En un recinto centenario como el campus riopedrense, que cumplió sus 123 años de fundación, tanto empleados como profesores se convierten en fuente de referencia obligada, cual figuras de respeto, autoridad y sabiduría. 

“Pocas veces recordamos una verdad sencilla: las instituciones no hacen historia por sí solas; la historia la hacen las personas. Cada salón abierto a tiempo, cada laboratorio funcionando, cada expediente atendido, y cada graduación celebrada lleva, de alguna manera, el trabajo silencioso y comprometido de quienes hoy honramos”, expresó Charriez Cordero durante su alocución. 

Asimismo, los catalogó como “la memoria viva de esta institución” a quienes todos acuden cuando el conocimiento acumulado “no aparece en un manual”, porque, resulta, que es el resultado de años de experiencia, de compromiso y de un profundo amor por esta universidad. 

Añadió que el verdadero significado del servicio público es comprender que el trabajo cotidiano, aunque muchas veces pase inadvertido, termina transformando vidas. “Su presencia permanece. Está en los proyectos que ayudaron a construir, en las generaciones de estudiantes que formaron, en los compañeros que orientaron y en la cultura institucional que contribuyeron a fortalecer”. Y les exhortó a no alejarse del todo, porque la IUPI siempre será su casa. 

En la actividad también participó Rebeca Guadalupe Sanabria, decana interina de asuntos administrativos y la doctora Grace Marie Carro, en representación de la decana asuntos académicos, doctora Rosaura Ramírez Ordóñez. El maestro de ceremonia fue el doctor Javier Carrión, actual secretario de la Junta Administrativa del recinto. 

Durante la ceremonia de reconocimientos hubo varias intervenciones musicales por los profesores del Departamento de Psicología, adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales, Teofilo Espada (saxofón/flauta) e Ismael Castillo (guitarra/cantante), quienes conformaron un dueto que interpretó canciones que se dejaron corear. Iniciaron con “Verde Luz” del cantautor y poeta puertorriqueño Antonio Cabán Vale, “El Topo”, quien compuso esta pieza a sus 24 años, cuando se encontraba en el corazón de la ciudad universitaria de Río Piedras en el verano de 1966. Luego le siguió “Boricua en la Luna” de la autoría de Roy Brown, y la emblemática canción “Amanecer Borincano”, escrita por Alberto Carrión y cuyas letras son reconocidas por su profundo amor a la cultura y paisajes de la isla. El evento cerró con un canto colectivo del Himno al Alma Mater. 

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